Publicado el 10/06/2025 por Administrador
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Durante una emotiva aparición en el Festival de Cannes para conmemorar los 25 años de su icónica ópera prima Amores perros, el director mexicano Alejandro González Iñárritu lanzó una contundente reflexión sobre el papel del arte y el cine: “El arte debe provocar, esa es la responsabilidad del cineasta”. Con esa frase, el multipremiado realizador reafirmó su postura sobre la necesidad de incomodar y cuestionar a través del arte.
El cineasta, conocido por obras que desnudan la complejidad humana como Babel, Biutiful, Birdman y The Revenant, rememoró cómo su debut cinematográfico fue objeto de controversia dentro y fuera de México. “Muchos no querían que se exhibiera Amores perros porque no mostraba un país 'bonito'”, recordó. Sin embargo, enfatizó que su intención no era representar una nación, sino explorar la verdad emocional de sus personajes y reflejar una sociedad fracturada.
“Como artista, no soy embajador de nada. No estoy aquí para maquillar la realidad, sino para enfrentarla”, afirmó ante una sala colmada de cinéfilos y periodistas. Según Iñárritu, el arte debe ser una experiencia visceral, un espejo que no siempre devuelve una imagen complaciente.
Durante su intervención, el director hizo referencia al concepto del “montaje de atracciones” de Serguéi Eisenstein, el cual propone un cine que sacuda al espectador y lo empuje a pensar de forma activa. “El cine no puede ser solo entretenimiento. Tiene que provocar preguntas, tensar la realidad y abrir caminos a nuevas lecturas”, explicó.
El mexicano también abordó los riesgos que implica mantenerse fiel a una visión personal en una industria cada vez más dominada por fórmulas comerciales. “Hacer cine desde el estómago es peligroso, pero necesario”, subrayó. “Hay que aceptar que provocar puede generar rechazo, pero también puede sembrar una semilla de transformación”.
Al hablar de su proceso creativo, Iñárritu confesó que nunca ha seguido una receta ni ha trabajado buscando la aprobación del público. “Si una obra no me incomoda a mí mismo, difícilmente lo hará con los demás”, aseguró. Este principio, dijo, ha guiado toda su carrera y seguirá marcando su camino.
En la actualidad, Iñárritu continúa explorando los límites del lenguaje cinematográfico. Su más reciente proyecto, Bardo, es un ejemplo claro de cómo se puede construir un cine profundamente personal, experimental y crítico, sin renunciar a la fuerza narrativa.
La conversación terminó con un mensaje a las nuevas generaciones de cineastas: “No teman provocar. El arte que cambia el mundo no es el que acaricia, sino el que sacude”.
Con estas palabras, González Iñárritu no solo defendió su propia obra, sino que dejó una declaración de principios: el cine, cuando es honesto, no debe temer al conflicto. Debe abrazarlo.